El reto de remodelar sin perder carácter histórico. Integración de concreto aparente y travertino en construcciones coloniales.
El carácter que no se puede perder
Coyoacán no se parece a ninguna otra zona de esta lista, y es justo por lo que las casas ahí valen lo que valen. El Centro Histórico conserva trazas coloniales y porfirianas: calles empedradas, casonas de un piso con patio central, muros de carga gruesos, fachadas de cantera o tabique aparente que en muchos casos están sujetas a criterios de conservación patrimonial de la alcaldía y, en las más antiguas, del INAH. Comprar una casa ahí no es comprar metros cuadrados, es comprar ese carácter. Y el error más caro que puede cometer una remodelación es borrarlo para meter encima un lenguaje genérico de casa nueva que se vería igual en cualquier otra colonia.
Eso no significa congelar la casa en el tiempo ni renunciar a un proyecto contemporáneo. Significa entender qué es lo que realmente sostiene su valor, la proporción del patio, la relación de la fachada con la calle, la escala doméstica de los cuartos originales, y diseñar hacia adentro de esa lógica, no en contra de ella.
Concreto aparente y travertino en un cascarón colonial
La estrategia que mejor funciona en Coyoacán es de contraste deliberado, no de imitación. Un volumen nuevo, una ampliación hacia el jardín trasero, un estudio en lo que antes era una crujía de servicio, se resuelve en concreto aparente, dejando claro qué es original y qué es intervención contemporánea, en vez de fingir un falso historicismo con materiales de imitación que envejecen mal. Dentro de la casa, el travertino aparece en cocina y baños como el material que conecta ambos lenguajes: es piedra natural, tan antigua como el tabique de la fachada, pero con un acabado que se lee inequívocamente actual.
Lo que evitamos es la tentación de aplicar acabados de penthouse de Polanco a una casa colonial. El travertino que funciona aquí suele llevar un pulido más mate, en un tono más cercano a la piedra original de la construcción, para que la transición entre lo viejo y lo nuevo se sienta como una conversación entre dos materiales nobles y no como un injerto ajeno a la casa.
El jardín como parte del carácter, no como añadido
Buena parte del valor de una casa en Coyoacán vive fuera de los muros: jardines maduros, árboles que llevan décadas ahí y que ninguna remodelación debería sacrificar por conseguir dos metros más de construcción. Diseñar alrededor de un árbol existente, en vez de talarlo porque estorba al plano, suele ser la decisión correcta tanto por carácter como por valor, y es un criterio que aplicamos de forma sistemática en esta zona: primero se levanta el jardín existente, después se dibuja la ampliación en función de lo que ya está ahí.
Instalaciones nuevas en muros que no las esperaban
Una casa colonial trae ventajas de construcción que ya no se replican fácilmente, altura de entrepiso generosa, muros macizos que aíslan bien del ruido de la calle, y un problema real: esos muros no se diseñaron para esconder tubería de cobre, ductos de aire acondicionado ni cableado estructurado. Cada metro de instalación nueva se abre paso a través de mampostería antigua, lo cual encarece y alarga la obra frente a un muro de tablaroca nuevo, donde la instalación simplemente se acomoda entre postes. Por eso, en estos proyectos, la etapa de demolición controlada funciona también como etapa de diagnóstico: es hasta que se abre el muro que se sabe con certeza qué hay detrás, y con frecuencia aparecen condiciones estructurales que no se ven en ningún plano existente de la casa.